YO RONCADOR!

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La primera vez que alguien se quejo de mis ronquidos fue a los 17 años, en un viaje escolar de la preparatoria, en aquel entonces gozaba de gran condición física, y no tenia ni de chiste los 22 kilos que ahora cargo de más; entonces la excusa recurrente era el cansancio o el típico “dormí mal acomodado”… con el paso de los años las quejas de mis compañeros de viaje eran más constantes, y el pretexto del dormir mal ya no funcionaba. A su vez mi delgada figura fue remplazada por la panza chelera, cachetes y papada incluida, por ende la condición física huyó de casa y es la hora que no se nada de su paradero.

Sí bien durante mucho tiempo me valió pito el asunto de los ronquidos, con el paso de los años se ha convertido en un detalle incomodo, a veces hasta penoso, al grado de que no me permito el amanecer junto a las conquistas en turno, y no porque sean mujeres aburridas (bueno, algunas si lo son) si no porque no quiero compartir mi Novena sinfonía con ellas, haciendo un gran esfuerzo por no adormilarme después de lo propio, ya sea aplicando el clásico “mañana trabajo”, o mejor aún “vete a casa, deben de estar preocupados por ti”. Con muy pocas personas tengo la confianza de compartir el talento musical de mis amígdalas, garganta y ganglios; inclusive cada vez que me dispongo a acaparar la cama o sofá advierto del problema, en tono de burla, pa’ que no digan que no se les avisó. Bajo su propio riesgo.

No obstante a que en los últimos años este inconveniente se ha vuelto más grave, es hasta ahora cuando se torna preocupante; tanto que me encuentro buscando remedios en la Web para acabar con esta mierda que no solo afecta el buen dormir de quienes están a mi lado, si no que me podría fregar la vida sexual y la prosperidad de la misma. Con M.A. nunca tuve problemas por tal motivo; ella tiene el sueño tan pesado que solo bastaba con esperar 10 minutos después de que se durmiera para seguirla por el reinado de Morfeo, nunca se quejo en los tres años que duró nuestra relación de pareja.
Después de eso algunas han hecho pequeños comentarios alusivos, otras más dicen que “las arrulla”, que les gusta; sin olvidar el asunto del que el permitirme dormir en el avión o autobús es casi un lujo cargado de vale madrismo, eso si no me importa que me echen miradas asesinas al terminar el viaje. Intento no hacerlo.

El oído es sensible, el ronquido lo perturba, y tener problemas “maritales” por esto es lo último que necesito, más aún si llegas a provocar con tal ruido que tu pareja se cambie de cuarto a media noche y amanezca con tremendas ojeras. Hoy no quiero dormir con nadie, creo que no lo haré por un buen tiempo, no hasta que logre descubrir como controlarlo, disminuirlo o desaparecerlo por completo, aunque tenga que recurrir a las decenas de remedios caseros que encontré en Internet. Estoy en Huelga de compañía nocturna… ¿alguien sabe hacer la uvulatoplastía? Puta Madre, tengo sueño.

S.O.S.

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Pelícanos caídos, agonizantes, se rumora que debido a parásitos que están ocasionando esta peste. Esta es ya una escena común en las playas de la ciudad, de lo que no se rumora - ni se sabe nada - es sobre que están haciendo las autoridades correspondientes al respecto; no se ha visto a ningún medico o elemento de las instancias gubernamentales, ni mucho menos de los que se dicen defensores de los animales, quizás porque como buenos burócratas y altruistas de ocasión (solo puestos pa' la foto), descansan en puentes y días festivos.

Ojala se haga algo al respecto, ya que también estos pobres animales están siendo objeto del ataque de los inconcientes lugareños y turistas, quienes los molestan y atacan arrojándoles objetos, divirtiéndose a costa de ellos; sin medir tal actitud cruel ni pensar que, si el pelicano esta enfermo, tal enfermedad representa también un peligro de infección para quienes se acercan.

Ojala alguien mueva un dedo.

Nosotros podemos ayudar corriendo la voz hasta que esto llegue a alguna de las autoridades y al menos, si no hacen nada, se enteren de lo que sucede; con eso de que luego no saben nada de nada de lo que pasa aquí. pssss!!

Buena semana.

Rudo y Cursi Rocks!!!

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-“¡Te dije que tiraras a la derecha! ¿Por qué tiraste pa’l otro lado?
- tiré a la derecha güey!! ¿Qué?
- …era la otra!!!!
- ¿Cuál otra?
- ¿Cómo que cual otra, pendejo?!! Pss la mía!!!”

…Justo de ahí parte todo, los caminos se separan y entrelazan (y vuelven a alejarse) para al final terminar unidos, entre Caín y Abel, balas, balonazos, putas convertidas en estrellas de tele concursos, rock pop ochentero convertido en hit de bandamax, narcos, nacos, rudos y cursis… lo kitsch en su máxima expresión, sin exageraciones, tal cual como es la realidad que muchos no conocen, que muchos no han visto, pero que existe, y ahí esta, en nuestro México Lindo y Querido.
Del platanar al gran monstruo que es el DF, del amor a la madre a la envidia del hermano, de lo correcto a lo corrupto, de la derecha (tu izquierda) a la izquierda (mi derecha).

Tengo que confesar que la primera vez que la vi, solo fui para checar el experimento que era tener una vez más a Gael y Diego juntos. Y es que eso y repetir la formula de otro guión de Cuarón (Y tu Mamá También), el tener el apoyo de la productora Cha cha chá (el otro Cuarón, del Toro y González Iñarritu) me parecían muchos nombres pesados para respaldar mediaticamente una mala película. Prejuicioso Yo, equivocado estaba… ayer fui a verla por 3ra vez.

Divertida, acida, trágica, sin final feliz; Rudo y Cursi será sin duda (si la crisis lo permite) una de las más taquilleras del año, y es, desde ya, una cinta imprescindible para cualquier amante del cine (dominguero).

Abraham Chavelas
Un Rudo Muy Cursi

Polvo Maldito

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Por las riveras del Bravo, cuánto corrido se ha escrito, por Tamaulipas y Texas, cómo hay hombres con delitos... eso han dicho toda la noche los pinchis Cadetes de Linares, que no se cansan de cantar en mi grabadora. Pero a mí me está entrando güeva de ir chambear. Por algo dicen que el trabajo es algo tan desagradable que hasta pagan por hacerlo. De no ser así, las oficinas estarían vacías todos los lunes. Menos, si se llevan algunas cervezas entre pecho y espalda. Sin embargo, debo hacerlo. Porque no estoy como para un descuento, para otro día de jarra, ni para ver las caras largas de mis jefes en el periódico donde trabajo.

Una cerveza en ayunas es similar a comer All-Bran con agua mineral: hidrata sin sabor, provoca ligeras nauseas y además, no nutre. El inconveniente viene cuando no es una, sino una tarde y una noche ingiriendo cerveza. Toda esa placidez que proporciona el alcohol durante la noche, se evapora y comienzan las complicaciones: se calienta el rostro y las manos; el cuerpo hormiguea y los párpados se dilatan. Pareciera que en cuestión de minutos, la parranda de los demás es transmitida como por ósmosis al cuerpo. Observo el reloj, sé que ya va siendo hora de irme al periódico, pero la embriaguez no se ha ido, por el contrario ha abierto la puerta a otros demonios.

***

Mi trabajo en el periódico es esclavizante, mal pagado, tedioso y lleno de riesgos. Una sola de esas razones sería suficiente para abandonarlo y dedicarse a la pesca de esturión. Sin embargo, el amor al periodismo es el que te permite no ver esos pequeños detalles y si los llegas a percibir, los amas. La verdadera razón para admirar a los periodistas debería ser su capacidad para aguantar tantos años en esta vaina. Llego a la oficina. Una vez adentro, es como estar encerrado en una jaula con bestias de toda índole. Esta ciudad ha reclutado en mi trabajo toda clase de especímenes. Y es que mis compañeros son todo un mosaico de las perversiones humanas. Uno de ellos gusta de filmarse mientras coge con su conquista en turno; posee una variada colección de videos en los sitios más inverosímiles, desde el cuartucho de hotel donde las sábanas son más peligrosas que la vagina que penetra, hasta el pasillo de un condominio o algún parque sin mucho alumbrado. Sólo él sabe cómo diablos logra poner la cámara antes de empezar la cópula. Otro de los ejemplares que me acompaña en la oficina es un profesor universitario que mentalmente, apetece saborearse a sus alumnas mientras les imparte clase por la mañana. Aunque sé que no le dirá nada a ninguna de sus ensalivables pupilas, para él será suficiente con imaginarlas y describirlas una y otra vez. Seguramente son la inspiración de sus masturbaciones o el motivo suficiente para que un día de estos se anime a violar a una de ellas. No falta aquel que sólo necesita un pretexto para beber todos los días, a cualquier hora, en todo lugar y bajo cualquier circunstancia. Como la cerveza no falta en su cubículo, es frecuente escuchar el estruendo de las botellas vacías cuando caen al suelo porque alguien dio un mal paso en esa área. También tengo el compañero homosexual orgulloso de su condición. No es que tenga algo contra los gays. O mejor dicho sí: quisieran que todo mundo se enterara de su preferencia sexual; como si fuera la gran chingadera. Es decir, a nadie le interesarán mis filias ni mis perversiones sexuales. Son muy mías, y punto. Entonces ¿qué tiene de interesante que a este canijo le guste la verga? Y lo que es peor ¿a quién le podría interesar? Total, es muy su culo.

Infaltable, la morra que acusa de putas a todas las mujeres del mundo, menos a sus amigas y a su mamá. Las demás, sean del color que sean, provengan de dónde provengan, vayan a dónde vayan y anden con quién anden, "son una bola de prostitutas que sólo andan buscando hombre". Punto menos que inútil, pedirle su opinión sobre alguna muchacha con miras a una relación. "¿Cómo, vas a andar con fulanita si es una zorra?"; "¿Te gusta la perra de sutanita?", son frases que he escuchado –y escuchará cualquiera que esté a 20 metros a la redonda– más de 40 veces.

La chismosa del teléfono que sabe con exactitud qué pasa con la vida de cada uno de los trabajadores; el infeliz que siempre anda pidiendo prestado; la que te ofrece por catálogo hasta células madre y Beto, una especie de laboratorio ambulante que siempre tendrá la droga para la ocasión. Todos ellos tampoco faltan en mi oficina. Por eso este sitio es como un vaso de licuadora lleno de bestias. Y está a punto de empezar a licuarse.

***


A las 12 del día hay una junta de información, en la cual, se seleccionan las notas que irán en primera plana, contraportada, interiores o la papelera de reciclaje. Esta clasificación se hace con base a unos avances que envían los reporteros. Cabe mencionar que esta reunión suele propiciar inusuales discusiones que harían palidecer a cualquier parlamento.


Pero yo estoy ebrio. Cuando veo la hoja con los avances, sólo veo símbolos floreados de tinta negra que esperan que los asimile. Mi mente está en otra parte. Está en algún bar cercano, conversando con mis amigos, comiendo algo de botana y bebiendo cerveza fría. A esta hora, o mejor dicho, a cualquier hora se puede encontrar alcohol en cualquier ciudad del país. Pienso que
podría funcionar como promotor de alguna fábrica cervecera. O incluso, como guionista de sus comerciales. Pero eso no es real. Lo que verdaderamente existe es mi estado etílico en horas de trabajo. Eso es peligroso. No porque vayan a despedirme –que en realidad me importa muy poco; pues siempre habrá un periódico en alguna parte del planeta que sabrá recibirte–, sino por lo que pueda hacer.

Necesito un aliviane. Algo que aclare las marejadas de ebrias ideas que dan vuelta en mi cerebro. Hago un repaso rápido de quién podría ayudarme en estas circunstancias. Hurgo en mi archivo mental de conocidos. En menos de minuto y medio encuentro la solución: claro, basta ir con Beto, él siempre trae droga consigo. Cual pescador cargado de cebos para ver quién pica tal o cual anzuelo.


Yo pico el de la cocaína. Son las 11 y media de la mañana.

Además de lo amargo en la garganta, una mirada de gallo de pelea, la intermitente rechinadera de dientes y una presión arterial que ni mandada hacer para un infarto, la cocaína me mantiene atento a las decenas de pláticas que escucho a mi alrededor, a todo el ruido que puede generar la oficina del periódico, que para esta hora de la mañana es como un panal de abejas, pero en vez de miel, hay bullicio: teclazos, llamadas telefónicas, gritos, risas, tacones, música de todo tipo, timbres de celulares. Ruido. Mucho Ruido.

Tras dos esnifadas abundantes, siento los pequeños cristales lijar mi tabique nasal, hundirse en mi carne y mezclarse con mi torrente sanguíneo. El demonio blanco nace desde el centro del cráneo. Es como si el polvo entrara en la cabeza y una vez dentro, lo hiciera explotar como palomitas de maíz. Luego viene un halo de energía que se disipa por mis venas, quiere salirse por mis ojos y la boca, la cual aprieto para dejarlo ahí dentro. Voy al baño, me lavo los dientes. Me meto una grapa, luego otra. Mojo mi cara y me miro al espejo. No soy yo. Soy uno de mis tantos yos que emergen tras la ingesta de alguna droga. Para combatir la carraspera me preparo un café cargado, el cual dispara mi ritmo cardiaco a velocidades insospechadas. Siento la fuerza de cada latido en las sienes. En los dedos de los pies. En el cabello. Decenas de ideas revolotean como pichones entre mi mente y mi boca. Un red bull refresca mi presión sanguínea, antes de elevarla aún más. Así entro a la sala de juntas y no sé cómo salgo.

***


De lo poco que recuerdo es que las siguientes seis horas las viví en un santiamén. Pareciera que mis recuerdos fueron grabados en Forward. Me veo frente a mi computadora, tecleando rabiosamente frases que no alcanzo a distinguir. Hablo, pero sólo escucho un sonido típico de ardilla de televisión. Durante todo ese lapso parece que mis glándulas sudoríparas comieron una pastilla de menta. A esto le llamo vivir deprisa. Apurar la muerte. Durante 6 horas viví en una realidad paralela, rapidísima e inentendible.

No recuerdo qué hice, ni cómo. Lo único cierto es que estoy despedido por haberme comido la R de la palabra "prelados" en la nota de ocho columnas. También cambié dos fotografías que se publicaron sin pie de foto. Además de esto, un luchador me demandó por haberlo bautizado como "el príncipe de loro y playa", cuando en realidad era, de oro y plata.

La cocaína que me vendió Beto, era pura, sin rebajar; "pura pluma de garza carnal, por eso te pusiste bien locote", se justificó. Pero eso ya no importa, lo único es que ahora estoy despedido. Habrá que adelantar mi vida hasta que tenga trabajo. Marco al número de Beto. Dos grapas serán buenas para empezar.



Paul Medrano

Creo que lo despidieron...

Sobre el Guasón...

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Cuando todos pensabamos que Jack Nicholson habia sido el mejor Guasón de la historia, llegó Heath Ledger (desde las Tinieblas) y lo arrojó al vacio.


Excelso... Grandioso, Alucinante y delirante, simple y sencillamente: EL JOKER!

El Soundtrack de Mi Vida: La Salsa

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Mas que a un salón de baile y fiesta, la salsa me remite a viajes; noches en la autopista, panorámicas de la ciudad de México desde la curva de la pera, largas travesías por el bajío, vehículos a media velocidad, estados de ánimo a medio sueño; cambios de residencia, viajes de reflexión, decepciones amorosas y nostalgia.
Por alguna razón los chóferes de autobús coinciden en escuchar salsa mientras conducen por las solitarias vías del país, cerca de las 3:00 u 6:00 de la mañana, cuando el sueño es más profundo y algunos nos arrullamos con el frío y el compás musical de la rumba, so
n y vallenatos; otros optan por clavarse en la onda Joan Sebastian, Bronco y Temerarios, clásicos del Trío los Panchos o el siempre grato Julio Jaramillo. Aunque mis recuerdos de viajes nocturnos están más anclados a los ritmos de Eddie Santiago, Celia, Rubén o el maestro Héctor Lavoe.

Es un llanto, es un suspiro, más que un festejo es el canto que acompaña a las estrellas; por eso prefiero escucharla que bailarla, por las madrugadas es mejor. La salsa es sensualidad, es pasión; es el aderezo de recuerdos y añoranzas.
La salsa se disfruta en la oscuridad, a media luz; me transporta a múltiples momentos fuera de casa, a cierres de ciclos, a idilios y amantes extraviadas, a tierra mojada y lunas llenas. Más que a una playa a junglas de asfalto, a metrópoli con sabor provinciano en las venas.

...Larga vida a la Salsa!!!

Abraham Chavelas

Amante de la Electrónica Experimental, Rock Alternativo, y la Salsa!


Me Caga 002: En el Cine

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Molesto, nefasto, enfadoso, irritante, inadmisible, cagante, totalmente incomodo tener que soportar las malas experiencias que suceden (por la mala educación y la mala cultura cinematográfica de la mayoría) en las salas de cine; desde el wey de atrás que patea tu asiento, hasta la señora que no se calla.
¿Qué es lo que sucede con este tipo de personas?, ¿es la ignorancia, falta de respeto, inconciencia o de plano lo hacen a propósito?, y hay de todo tipo, y para el colmo siempre se sientan atrás o al lado, maldita mala suerte; todos realmente desesperantes:

  1. El que todo repite.- Típico que va diciendo todo lo que sucede en la pantalla: “chale, le pego”, “hijole, lo mató”, “jajaja, se cayó!”; esto mezclado con sus cualidades de adivino: “mira, mira, le va a pegar”, “ella va a ser la asesina, vas a ver que ella es la asesina”, “va’resultar que este wey planeo todo, vas’a’ver”.
  2. La que siente que está en el VIPS.- Chismes y más chismes, platicando que si fulanita hizo aquello, si perengano hizo el otro, no presta atención a la película, pero eso si, se la pasa platicando con su acompañante, mejor que se vayan a un café a conversar…
  3. Niños.- Películas clasificación B, cintas de acción y terror con alto porcentaje de escenas de sexo, violencia y sangre. ¿Y hay niños en la sala?, ¿acaso los empresarios no preparan bien a su personal como para prohibir y controlar los accesos a estas películas a niños menores de 7 años? Como es posible que organizaciones puritanas (Hipócritas!) armen alharacas por cintas como “El crimen del padre Amaro” y prohíban la entrada de jóvenes menores de 15 años (que ya le ponen sabroso, y pss ni que estuviera tan fuerte la película, la neta) y los empresarios cedan ante estos berrinchitos de los hijos de la vela perpetua (hijos de su puta madre, será!) y no cuiden realmente el acceso a menores de edad a cintas aún más fuertes, y no tanto por lo que suceda con el niño (que ya es trabajo de sus padres si los orientan o no sobre lo que observan en las películas, al llevarlos a verlas ya están siendo o muy Open Minds o muy irresponsables) si no porque es molesto que estén corriendo por los pasillos, llorando y preguntando todo lo que ven durante la proyección.(“¿que están haciendo papá? ¿Porque están desnudos?”)

Y los recién nacidos... llorando, llorando y llorando. Señoras se hubieran quedado en casa, eso si que es molesto, no más que “el que patea el asiento”, pero si más que “el que todo repite”. Hay que dejar al baby con la abuela o los cines deberían de poner servicio de guardería, seria un buen negocio

  1. Los que no tienen ni idea de lo que fueron a ver.- Esto pasa todos los días, todo el tiempo. Quienes van al cine esperando que “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos” sea una comedia solo porque sale Jim Carrey (“chale, esta aburrida yo pensé que estaría buena”), o que “Niños del hombre” sea película de “maguitos” porque Cuaron la dirige (“mmmmta, no es como Harry Potter, vámonos niños”), o que Ver a un tipo verde saltando distancias descabelladas se les haga inverosímil y que ese Hulk esta muy grandote (“no mames, como crees que va a brincar tan alto”) Señores!!! Es una película basada en un comic, es fantasía, ciencia ficción, ¿para que van a ver una cinta con un wey verde como protagonista si no se la van a creer? ¿A poco creían que seria una comedia romántica con un tipo verde? Carajo! Hay que leer reseñas de la cinta antes de ir a verla, checar las criticas, revisar de que se trata, por lo menos ya mínimo ver que genero es, para que no se lleven esas “sorpresas” y se ahorren su dinerito, y no molesten a quienes si estamos interesados en la película con sus comentarios estupidos, y que se estén atravesando a cada rato.
  2. El que patea el asiento.- ¡Hijo de Putaaaaaa!!!! Sin más comentarios.
  3. Los chavitos desmadrosos.- gritar “auuuuuussh elliaassh” cuando Sam Y Frodo se miran con esa cara de jotitos en “El Señor de los Anillos”, pss pasa una o dos veces, pero toda la película estar jode y jode llega a fastidiar.
  4. El que mete la torta.- wey! ¿Que pedo??
  5. El que graba la película para venderla pirata.- Lo peor no es él, lo peor es el que la compra!

Y así podríamos mencionar más y más.Y tampoco faltará el que diga "pss wey si no te parece, no vayas al cine", el asunto es que a quienes amamos el cine nos gusta disfrutarlo tanto en la sala de nuestra casa como en una sala cinematografica, y pagamos por ello al igual que todos claro, pero el pagar no te da derecho a importunar, gritar, y/o joderle la pelicula al resto. Hay que tener un poquito de educación civica, al menos durante las 2 horas que dura la función.

¿Tienes más cosas cagantes en mente? …¿O eres alguno de los anteriores?

Abraham Chavelas

Cinefilo Molesto